sábado, 29 de noviembre de 2014

De la muerte de Roberto Gómez Bolaños.

Chavo por aquí, chavo por allá... Seguramente mucho lo habrán querido, aún sin conocerlo... Es curioso el amor que todos tienen de repente por una persona a la que quizás no le sabían más que el nombre. La muerte de un famoso, sin duda, "sensibiliza" de cierta manera incluso a quienes ante un suceso de desgracia presente, aún con posibilidad de brindar ayuda no son capaces de tender la mano; es decir a los indiferentes. Roberto Gómez Bolaños murió, sí, recuerden que todos los días mueren personas, muchas personas en todo el mundo. Quizás de todas, muy pocas lograste conocer, muy pocas te hicieron reír. Por ellas no lloras, no. De ninguna manera. ¿Por qué llorar por alguien que no conoces? Ahora piénsalo otra vez, ¿realmente conociste a Gómez Bolaños? Creo que ahora sí puedo obtener un no como respuesta. Está bien, te hizo reír, eso nadie lo puede dudar, pero... ¿Realmente vale la pena llorar por una persona que pasó la mayor parte de su vida dedicándose a hacerte reír?



¿Te duele, realmente sientes algo de lástima, de pena, de compasión por ese hombre? Piénsalo dos veces. ¿O es sólo la distracción de turno? Uno de los infinitos elementos que se suele utilizar para mirar a otro lado, para distraerse, para no mirar hacia dónde deberíamos mirar, hacia nuestro interior, hacia nuestras penas, hacia nuestras verdaderas muertes internas, hacia nuestras zombificadas vidas, nuestros seres queridos a los que no dedicamos nuestras lágrimas por tenerlos demasiado cerca y demasiado vivos.

¿Seguiremos esperando que la muerte de algún personaje de la farándula nos entretenga momentáneamente? ¿Seguiremos esperando que la sobreestimulación, propia de nuestra era nos aleje más y más de nuestro verdadero ser? ¿Quién eres? ¿Qué eres? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Nacimos para morir sin más? ¿Es ése el objetivo de nuestras vidas, de nuestro tiempo en este lugar?

Un poco de vida interior, por favor.