Estaba, como de costumbre desolado, sin motivaciones, buscando en mi interior un triste pretexto a qué agarrarme, y de pronto aparece ella, la que nunca se va, la que siempre espera, la que soporta todo con tal de tenerme al menos un momento entre sus brazos. Me aburro, como de costumbre, me aburro aún más sabiendo que ella, por mucho que quiere hacerme bien, es incapaz de ello, y yo sufro doblemente, sufro por mi sufrimiento, y sufro también de pena, al notar el esfuerzo en vano de mi compañera al intentar hacer algo, y sólo arar en el mar de mi insatisfacción. De pronto el escenario oscurece, el día se vuelve gris, casi negro, y aparece otra de esas personas, que ya han nacido con el destino predeterminado para sufrir, de esas que sólo han venido a pasar penas, a llorar eternamente; y algunas otras personas que no logro recordar con claridad. Avanzamos hacia un parque, grande y desolado, en él hacemos travesuras, como de costumbre, tratando de calmar así, por lo menos, momentáneamente esta angustia incesante.
En eso la policía... Sonido de sirenas. Se acercan. Él-ella se aterroriza, se siente en su "ay mierda" esa desesperación, esa angustia acumulada por toneladas, por vivir en un país en el que es perseguid@, atacad@, juzgad@, condenad@, y deportad@ si así se les antoja. Se oculta como un niño inocente detrás de nosotros. En el piso, temblando, con las rodillas hasta el pecho, sentad@, murmurando no se qué. La patrulla estaciona a algunos metros, y algunos agentes de la seguridad de los intereses de los que más pueden, camina sobre las plantas, escasas y moribundas que aún quedan.
Espera... Ahora que lo pienso, ¿por qué vienen aquí? ¿por qué los han traído? Aquí no hay comisaría. Sólo soledad... ¡Espera! Lo tengo... Este sería el lugar de ejecución de los "enemigos del orden" (quien es realmente enemigo del orden es quien no mantiene la cama en su interior, y con su alteración emocional ya de por sí provoca desorden a su alrededor).
Al dar por cierto que es a él-ella a quien buscan , valientemente, como es característico suyo, avanza hacia donde sea con tal de escapar de los agentes.
Un giro inesperado, los malhechores son ahora quienes llevan el control. Se oyen disparos. El control ahora le pertenece a las armas. Balazos aquí, balazos allá... Gritos, conchatumadreadas por doquier en este paisaje oscuro, terrenal, casi negro. Yo sigo avanzando hacia un lugar seguro por obra y gracia de la voluntad y fuerza física de él-ella. Mis piernas están paralizadas completamente, mi cuerpo rígido, los balazos se detienen y ahora es sólo el sonido que hace esa roca de importante proporción golpeando furiosa y constantemente el cráneo de un policía, del encargado, supongo. El dolor que debe estar experimentando ese tipo me remonta a mis inexplicabes dolores de mandíbula que experimentaba algunas (casi todas) las mañanas, al despertar después de bastantes horas de haber "descansado". El dolor de los huesos es horrible y de eso puede dar fe cualquier persona que haya padecido un dolor de muelas.
Aún así, ser golpeado en el cráneo incesantemente con una roca debe ser más doloroso que cualquier artritis o artrosis severa.
Despierto en medio de la madrugada. Claro, no cerré mi ataúd (ja), la cena fue muy tarde y estuvo pesada, mi sistema digestivo se reporta con este cortometraje, por no respetar sus bio-ritmos, estoy agradecido. He hecho catarsis, y aunque posiblemente ya no duerma y mañana llegue cansado y sin ganas al trabajo, y la sensación de ese parque maldito no se vaya fácilmente; al menos tengo material para entretenerme.




No hay comentarios:
Publicar un comentario